Caminar por el Paseo de la Castellana de Madrid,
recelar de su tráfico, arroparse en el carnoso color
de los tulipanes que el reino de Holanda, o Países
Bajos, regala -dicen- todas las primaveras a la ciudad de Madrid. Se oye algún acento madrileño, quizá de un guardia de tráfico o de un olvidado vendedor de prensa, ahora de cargas de móvil. Dejamos a
la derecha el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza,
colección exquisita, la Casa Museo de Lope de Vega
queda en el Barrio de las Letras, entre la calle de las
Huertas y la calle de Cervantes, letras, poemillas,
comedias de corral, canciones jocosas de la tuna…
Voces de múltiples lenguas se entrecruzan con los
sonidos de taxis presurosos.